Pasar al contenido principal

Conversación con la guionista y directora Lisandra López Fabé.

Por: Kianay Anandra
Sáb, 06/04/2019 - 16:28

Muchas son las historias que pasan por la cabeza de Lisandra López Fabé, algunas que andan por los caminos del dialecto documental, otras por el montaje experimental, y aquellas que le vienen de la autorreflexión que solo nace en la médula. La no ficción para la joven realizadora es el circuito para llevar a la pantalla de la realidad objetiva esas muchas intervenciones imaginarias. Si se analiza el panorama de la producción documental cubana de ahora mismo, el guión, es la oveja negra del proceso, a la que no se le dedica mucho tiempo, ni se plantea o piensa lo suficiente. Más allá de poner en evidencia el buche de coraje para tratar temas hasta entonces casi inexistentes, el papel de Lisandra es el de plantear una fórmula para el documental que equilibre el peso testimonial y la vocación de espejo social; el de más allá de los recursos, el de transfigurar las escrituras a través de lo que se está contando y darle un formato: de la acción a un personaje, y de un personaje al diálogo. Decía que las grandes pantallas no estaba hechas para ella, que había encontrado su nicho creador en la escritura para teatro, más abierta, y metafórica. ¿Cómo fue entrar al cine?  “El lenguaje del guión teatral y el guión de cine es completamente diferente desde los diálogos y situaciones porque el teatro es un vuelo, un poema y en el guión de cine es mucho más descarnado, tieso y aterrizado, tenía que pensar con orden lógico las acciones, sin juicios o adjetivaciones, por eso pasé mucho trabajo. Al empezar en la Escuela de Cine, mi primer taller fue con Arturo Arango, yo llevaba ya una semana en la escuela  y le dije que quería irme, que el amor que yo tengo por escribir no lo voy a perder en este lugar, el se rio y me dijo que eso iría cambiando.” Pese a ser un medio que no involucra al actor con un público en directo y donde lo más sensitivo, desde lo corporal no existía, apostó por el documental al permitir una estructura más abierta en la escritura. En San Antonio, Lisandra se enamoró del cine, un amor que se trasladó al proceso de creación de sus trabajos. En este sentido, ¿qué es el guión de montaje?  “Realmente es como una de las partes más importantes del trabajo documental porque con los realizadores que he compartido saben que trabajo mucho sobre puesta en escena. Generalmente, para cualquier película se hace un guión previo, luego la investigación, en mi caso ellos me traen los materiales, desde entrevistas, personajes y propuestas musicales y reescribimos sobre ese guión inicial, para que a ellos no les falte nada de la película que idealmente quieren en el montaje y bueno luego el trabajo con el editor todo el tiempo. A veces como me gusta trabajar las imágenes realizo el montaje yo misma o propongo cosas para que el editor solo tenga que perfeccionar. Básicamente el guión de montaje es el trabajo directo con el editor decidiendo desde tiempos hasta todo el cuerpo narrativo de la película”. ¿Qué necesita Lisandra para imbuirse en un nuevo proyecto? “El equipo es muy importante para mí para trabajar pero eso ha ido cambiando con el tiempo, algunos porque comparto la misma filosofía del cine como fue el caso de El Proyecto; interés del tema como fue con dos últimos audiovisuales en lo que he estado trabajando, uno sobre la fotografía después de los años 50 en Cuba y sobre la Cultura Arará. O la oportunidad de trabajar con personas que admiro como fue el caso de una película que está en proceso de edición con la documentalista española Irene Gutiérrez, que fue profesora de la EICTV”. Coméntame sobre Home y Brouwer… “Home es como una muestra pequeña de algo grande que estamos escribiendo sobre 6 ciudades en Estados Unidos que se llaman Cuba y se dio la oportunidad de la beca ON/OFF. Alejandro Alonso presentó el proyecto, ganó y entonces hicimos esa especie de corto que es el resultado. “Con “Brower” asumí la dirección casi de chiripaso. Alejandro siempre ha sido mi director y a mí me llama una muchacha que es Katherine, actriz devenida productora con la que había escrito una adaptación de una obra de corto para un evento de Leo que se llamaba “La última función”  y me llama para que escriba el documental. Estuvimos un año trabajando la investigación ella era quien tenía acceso a eso, me traía materiales e iba trabajando con eso y yo le propuse hacer una road movie a través del viaje físico o interior del músico. “A mí siempre me ha gustado el tema de la dirección, lo que nunca he lanzado así sola, no creo de hecho que pueda dirigir documentales, el día que dirija sería ficción. La experiencia fue super buena pues entre todos creamos al final un producto precioso y fue algo muy complejo por lo que inspira en si la figura de Brower y por cómo se manejaría la cercanía que pedía la filmación, pero se hizo con mucho amor. Éramos 5 personas en el rodaje nada más, todos de alguna manera teníamos una relación especial con la música. Fue genial como ejercicio de creación y decisión”.

Añadir nuevo comentario

Texto sin formato

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.