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Alonso Ruizpalacios: Mis películas son un homenaje al hecho de no tener certezas

Por: Erian Peña Pupo
Mar, 09/04/2019 - 09:54

Alonso Ruizpalacios (1978) es el director de los largometrajes Güeros (2014) y Museo (2018). El también guionista ha dirigido, además, varios cortos de ficción y documentales. Su más reciente largo, Museo, resultó la apertura fílmica de esta 18va. Muestra Joven ICAIC y su director fue el protagonista del conversatorio “Del Museo a la acción”, realizado en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y chocolate.

A propósito, nos apropiamos de algunos de los comentarios de Alonso Ruizpalacios durante el conversatorio con los jóvenes realizadores cubanos, quienes le interrogaron sobre diferentes temas relacionados, principalmente, con sus dos largometrajes y el hecho de hacer cine en México. Ni esquivo ni complaciente con el acto artístico, Alfonso Ruizpalacios dialogó, además, sobre sus referencias cinematográficas y literarias, y la necesidad de una creación diversa y plural en el cine.   

“Creo que uno de los grandes problemas del cine mexicano es que se separó en los últimos años de su público, del cine como masa, es un hecho: el cine mexicano perdió la confianza en su público. En la época dorada el público estaba plenamente cautivo de su cine, después perdió la confianza. Los directores dejaron de reflejar cosas que le interesaban al público, que empezó a ser más flojo, autocomplaciente… y cuando por fin tuvimos esta oportunidad de recuperarlo, los directores empezaron a dialogar con los críticos franceses, con los festivales extranjeros y no con su público…

“Me gusta la pluralidad del cine y estoy a favor de ella, no debe haber un solo tipo de cine. Yo mismo disfruto películas frívolas y de entretenimiento. El cine tiene que ser muchos cines. Sí, Cuarón, Reygadas y Del Toro, pero estos tres famosos directores no hacen cine mexicano, Cuarón, a excepción de Roma, no había filmado en México desde hace veinte años; ellos no hacen cine mexicano. Sus películas no tratan problemas mexicanos, no tienen dinero de nuestro país, a veces sí talento mexicano en las cabezas, pero ya. Lo que trato de hacer tampoco es este cine que va a dialogar con los críticos y los festivales. A uno, como director, le corresponde perseguir sus inquietudes, sus filias y fobias, y después que la gente decida dónde se acomoda eso, qué tipo de cine es.

“Creo que lo mejor que puedes hacer como director es no determinar la postura antes de hacerla, pues, para mí, eso va en contra del arte. El arte se define mientras lo haces, no decir: yo voy a hacer cine anti establishment, va a ser festivalero y tocará este sector… antes de hacerlo. Creo en tratar de dialogar con el público mexicano. Me gustaría pensar en que la gente vea en mis películas algo de mi país identificado. Eso me importa muchísimo, porque lo agradezco cuando veo una película. Ahí es cuando ocurre una catarsis. La gran fortaleza del cine mexicano es que permite que existan todas estas expresiones. Creo que eso es importante: estoy a favor de que no exista una línea, sino que haya pluralidad.

“Museo no se amarraba bien a las expectativas de los inversionistas extranjeros. Ellos decían: dónde está el policía, el interés romántico; pero es que esta historia no los tiene, si no quieren invertir en esta película así pues… Era parte de la idea, al principio, meter en Museo el género de las películas de robo, después pervertir eso y que la película se descarrilara y se fuera por la libre. Para mí esa era la estructura más honesta para la película. Vemos el robo, seguimos a los protagonistas, pero después no saben que «chingadas» hacer con las piezas, cómo deshacerse de ellas…

“La premisa de Güeros desde el principio fue hacer un road movie en la Ciudad de México, pues es tan basta que para mí ameritaba una road movie; es como un país que cuando vas de un lugar a otro cambia la geografía, incluso el ecosistema. Cuando hacía Güeros pensaba mucho en eso. En Museo fue como circunstancial, no era originalmente así, no tenía este componente de road movie, pero descubrimos que en la historia real sí había un viaje de estos chicos hasta Palenque; encontramos unas fotos de ellos en las ruinas de Palenque, y después acabaron en Acapulco. Dijimos ahí hay un viaje. Hay algo de esa estructura de road movie que me atrae, en tanto es una estructura episódica, un viaje de regreso a casa, y de ahí todos los road movie son un viaje yéndose o regresando a casa. Cuando hice Güeros vimos muchísimo road movie, es una forma por naturaleza libre, es antiaristotélica, es episódica, pues su punto son las paradas y lo que encuentras en las paradas…

“Uno de los libros que más me marcó y al cual siempre regreso es El guardián en el centeno, de D. J. Salinger, y también Los detectives salvajes, de Bolaños. Primero escribí el guion de Güeros y un amigo me dijo te debes leer Los detectives... Me conmueve mucho y me siento identificado con la juventud y las incertidumbres que ella conlleva. Doy clases en la escuela de cine y me gusta el contacto con los alumnos, escuchar sus historias y ver las posturas que tienen, pues hay algo en la juventud de no tener certezas que me parece inspirador. Mis películas son, de alguna manera, un homenaje a eso, al no tener certezas. México, además, es un país que es un perpetuo adolescente. Como toda Latinoamérica, su identidad está formándose y además, tiene una historia que no está asentada, construida, ni siquiera conocida…

“Me considero un guionista, escribo mis filmes y mucho tiempo escribí series y cosas para ganarme el pan, pero pienso que la literatura es una desnudez que me asusta… y me genera muchísimo respeto.

“No fui a escuelas de cine, sino que me procuré mi propia escuela, por eso les dio a mis alumnos: no tienen que desperdiciar cuatro años aquí, lean y pónganse a hacer cine. Eso es lo importante. Aunque no estar en la escuela de cine te pone en un lugar más vulnerable, inseguro, y tratas de compensar eso, como yo hice, viendo cine. Fui mi disciplinado haciendo ciclos de cine como por tres años; vi todo Kurosawa, por ejemplo, mientras leía su autobiografía, para mí uno de los mejores escritos sobre cine. Él atravesó un arco muy completo, hizo todos los géneros y fue encontrando su voz…

“Para Güeros vimos mucho La dolce vitta, de Federico Fellini. Güeros es también un homenaje a la nueva ola francesa, pero es más Fellini en el espíritu juguetón. Me gustan mucho los directores que tienen sentido del humor. De los contemporáneos, Paul Thomas Anderson me parece el último gran maestro. Como consejo a los jóvenes realizadores cubanos, les diría que es un deber de ustedes seguir hacia allá, hacia los lugares donde les dicen que no. Si no son ustedes entonces quién…”

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